jueves, 20 de enero de 2011

MAREAS MENTALES


"... y después me pregunté si el ser humano se seguirá
sirviendo de la palabra durante mucho tiempo
o si recobraría poco a poco el uso del  aullido.
Con esto ya me angustié más.
¿Todos los que enloquecían acababan aullando?"
Enrique Vila-Matas

Aquella tarde llovió e hizo sol por largo rato, el hombre llevaba horas parado en la ventana, parecía molestarle algo de aquel fenómeno maravilloso, el aire cargado de energía… quizás sería eso, que la maravilla era saboteada por un recuerdo de juventud en el que se encontraba parado a un lado de la autopista esperando cruzar para tomar el bus, tenía los zapatos encharcados y la mochila pesada, lo más extraño, fue darse cuenta que del otro lado había un sol resplandeciente y la acera estaba seca; al pasar la calle lentamente, descubrió que la lluvia lo seguía de un extremo a otro, que solo llovía sobre su cabeza como si tuviera una nube de su propiedad, luego, las gotas inundaron el paisaje y el sol huyó tras la tormenta. Pensó que era un recuerdo insuficiente o una especie de traición de la memoria, tal vez un sueño que se incrustó, sin más, en su realidad. -Quizás somos solamente eso- pensó, -el producto del sueño que alguien tuvo y que relató a medias a otro alguien, y este último hizo lo mismo, dejándolo rodar como bola de nieve por la historia-. Desde la ventana vio un arcoíris de esos que ya no asombran y tuvo la sensación de que amputaba la fealdad de la ciudad y la dejaba incompleta en su miseria. Abajo, la silueta de otro hombre que le levantaba la mano lo sacó de su letargo, era él mismo doblando la esquina, aunque con un gesto más amargo.

Tenía la sensación de haber fumado toda la mañana, sentía los labios tostados y no paraba de morderse una herida vieja para que no cesara de dolerle. Frente al cristal de la ventana no pudo contener una risa eufórica que le dobló el cuerpo en espasmos violentos, sonoras carcajadas lo asustaron, parecía tener la mente en blanco, los ojos llorosos y la cara desfigurada en contracciones desmedidas le dolía; pataleaba y se retorcía presa de furiosas carcajadas… en el suelo, ya vencido y gimiendo, escuchaba la gente afuera, los carros, pitos, animales metálicos silbando en desbandada por el cielo, la furia de sus gritos inundando la habitación; pero mientras menguaban las risas, presintió ese profundo y espantoso silencio interior que llevaba varios años ignorando, como un rencor que no se escucha pero aturde las miradas, ese monstruo interno que caía y caía dormitando el vacío sin ecos de su alma, podrían sonar todos los pianos, todas las orquestas metafísicas estallarle en la cabeza, pero nada iba a llenar la mudez de su vacío… corrió al baño para mojarse la cabeza, para lavarse la cara, para despertar, tragaba grandes cantidades de agua para enfriarse también por dentro, se arañaba, se daba con los puños en la nariz, en toda la cabeza, hasta que finalmente su rostro en el espejo lo hizo presa de una rabia verdadera… hecho un poseso tiró su frente contra el espejo tantas veces que para cuando había terminado, su sangre se mezclaba con cemento… salió a la habitación tirándolo todo a su paso, quebrándolo todo; quería que el ruido de la rabia se regara por las paredes, por el suelo, pero el cansancio lo venció y terminó postrado en un rincón.

El hombre tomó del suelo un libro que había interrumpido hacía varios meses. Era la novela de un hombre que viajaba por Europa escondiéndose de sí mismo, ocultándose de todo ser que hubiese conocido, pero esperando que alguien lo encontrara. Lo más interesante de aquel libro, fue haberlo interrumpido antes de que el personaje regresara a casa resentido porque nadie se había percatado de su ausencia.

El hombre recuperó el aliento, se limpió la sangre, se cambió de ropas, tiró la novela a la basura, miró otra vez por la ventana y descubrió que el sujeto de hacía un rato seguía cruzando la esquina y lanzándole su gesto incoherente, pero la novedad ya no lo estremeció. En la calle, el hombre se perdió en esa muchedumbre de seres trashumantes que esa misma tarde habían visto una lluvia soleada en la ventana.

2 comentarios: