miércoles, 28 de octubre de 2009

CONSIGNAS


Después de la juventud sólo quedan las palabras, y eso que escondidas, sumidas en el terror, tumbadas en la tierra; temblando bajo alguna cama, en algún cajón. Ah! la juventud, esa que nos hace dioses, nos llena de fuerza, de rabia y de franqueza, nos lleva a escribir las más fantásticas palabras, a gritar los más descabellados discursos, a tener las más sardónicas ideas, la megalomanía nos posee y rodeamos nuestras almas con infranqueables muros que terminan siendo la cárcel que nuestros años fortalecen.

Aquí un texto de juventud, un remedo de poema lleno de ira y de ponzoña, de alegría y hasta júbilo, pero sobre todo, con un toque de inocencia insoportable...


I

Traigo entre mis manos puñados de odio,

Odio abigarrado de sonetos,

Odio de colores y formas y estilos,

Odio con un toque de ironía… silencio ambiguo…

Odio del más fino pelaje.

Traigo entre mis ojos rabia… rabia pura y transparente,

Rabia que dibujan mis párpados al son de mi tristeza,

Sinfonía loca y mezquina,

Fuego espejeante que no quema el más nimio tejido.

Traigo entre mi boca palabras heridas… palabras inocentes

Y de escarnio, palabras al margen de la hoja… de la tinta,

Palabras que arpejean y entretejen los nudillos de mis dedos,

Palabras que se pasean por mi cuello e intentan ahorcarme,

Gritos melancólicos, lamentos desaforados, puntos suspensivos.

Traigo de momento sonrisas bulliciosas y elocuentes.

Traigo fantasmas en mis uñas, fantasmas de nombres extraños,

De palabras rebuscadas… insurrectos y suplicios.

Traigo en medio de la vida el desasosiego de la historia…

Hermético aullido de locura… locura, tierno fantasma de las hordas.

Traigo entre mis días la más pacífica maldad…

Ignominiosa cualidad del tiempo… soporte de la nada.

Llevo a hurtadillas el alba… quizás el ocaso de los puntos suspensivos… del tiempo, … del reloj…

Lánguido espejismos preñado de rumores y de pies veloces y de angustias y de…

Rompo con las circunstancias hipnóticas y superficiales de Narciso,

No mantengo ya con la vida humana ninguna relación manifiesta.

Traigo en mis manos puñados de odio,

Odio abigarrado de sonetos,

Odio de colores y formas y estilos,

Odio con un toque de ironía… silencio ambiguo…

Odio del más fino pelaje.

II

Acúsome de ser profeta de la injuria

Y del deseo adusto de los sueños

Atribúyome el uso irrisorio de las más vagas palabras…

Aniquiladoras de masas, escultoras de vanguardias…

Declárome como hombre anodino y dios del escarnio puro,

Depurador de la necedad… moda infranqueable.

Defínome como amante… amante asiduo de Verlein,

Amante de la soledad… en soledad,

Habitante de noches crudas… como pedazos de carne descompuesta.

Arcano indescifrable de las más lejanas intensiones,

Apasionado admirador del llanto, del embuste…

De la estulticia de mis líneas… en el baile de mi esfero.

Investigador de la burla como ciencia que construye al hombre.

Ofréscome como insigne delirante de la palabra… molde del poeta…

La palabra como animal que corre desbocado…

Lirísta devastador de hojas, ambulante e ingenioso…

Más… mucho más que un tal hidalgo ingenioso,

Producto del sueño de otro tal… un tal Sancho,

Éste, declarado admirador de un Cervantes de la mancha.

Delátome partícipe del oprobio…

Oprobio hacia los ideales del buen Séneca…

Quien temía orar ante las ilusas muchedumbres.

Inclínome sobre el epitafio que algún día escribiré

Sobre la lápida hermosa de un poeta, cualquier poeta…

Pero que nunca leeré, pues ya mis días… mis escasos días,

Son prototipos decadentes… héroes en un baúl…

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