
Se trataba sólo de escuchar sus palabras bellas en los gestos repugnantes,
de observar sus pasos quedos llevando esa sonrisa falaz y apacible,
sus sandalias derruidas... esa túnica milenaria y harapienta;
ver ese cuerpo apocalíptico que enseñaba bondad y
una tormentosa justicia.
Anegar amor en los justos ¿era acaso su forma de engañarlos...?
mostrar esas llagas inventadas en sus manos, recordando la unión
entre la madera podrida, la carne y los clavos errabundos,
proclamando salvación a un pecado que nadie había cometido.
Eructar los nuevos mandamientos de la era, como si el fin único
de la vida se llamase esclavitud...
cadenas perpetuas que alguien prometió desatar,
pero que tres días después, despertando entre los muertos,
con cierta indiferencia majestuosa...
sólo tuvo tiempo de subir apresurado al cielo,
preguntar al "buen dios" si eso se llamaba eternidad
o era simplemente ingratitud... después reírse juntos como truenos,
mirar abajo, muy abajo, derrochar insultos celestiales y... ...
... olvidar qué era aquello tan pequeño,
que producía esa sonrisa... allá, en lo más profundo del misterio
como diminutos graznidos lastimeros...
Dos mil años más tarde, se gestará en unas manos famélicas
el desconsuelo de una mente blasfema, que en el rojo pagano
de las líneas silenciosas... se declarará inocente...
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