Julieta, mi Julieta, mi niña oscura… mi cadáver amado. No vengas ya Julieta, quédate en el silencio profundo de la muerte y no seas nunca cuerpo de tristeza, no lo seas, no vivas jamás este encuentro, este sosiego triste y melancólico de quien un día te esperó. Julieta, mi pensamiento canceroso, mi deseo opaco, mi amor malvadamente cierto… mi sueño escurridizo. Fuiste mi única idea, mi primer invento brillante no llevado a cabo, la lágrima de mis entrañas que no pudo ser de carne y hueso; pero no vengas ya, nunca, nunca vengas para que intentes comprenderme en esa oscuridad punzante de tu ser obtuso.
Julieta, mi tentativa errónea, mi bosquejo ambiguo… mi error perfecto; el oído sordo que no fue abrazado ni bañado en los susurros; mi ecuación resuelta y llevada a la potencia sufrimiento. Te escribo desde la esquina más filosa del silencio, donde la voz se corta y muere en el pensamiento…
Una palabra más, una palabra menos no le darán a ese rostro las líneas y los rasgos terribles con que ahora te dibujo y te humanizo en el desdén fúnebre y delicado del que ahora aprende a ser padre de un fantasma.
Julieta, semilla no fecunda, árbol florecido de lamentos… mi bosque arruinado y estéril. Mi lamento en si bemol. Arráncale a las palabras el tiempo que le han llevado ser escritas, quítale al lenguaje todo lo que pueda pronunciarse. Voy a desnudar el silencio y a sacrificarlo en tu memoria.
Mi niña oportunamente venenosa, vástago de nadie.

no se porque de repente me viene a la mente una ofelia, pero distinta...
ResponderEliminarsigo siguiendote (valga la redundancia) quizas a veces silenciosamente :)
saludos!