martes, 30 de julio de 2013

CAÓTICA I (Anatomía de un instante)


"No hables, no mires, no intentes comprender.
Tu desencanto... también es peligroso."
J. Estulticia

Recuerdo una imagen ridícula de M. mientras se movía a prisa. Sus gestos infantiles me llevaban a reconocer cierta maldad en los acontecimientos anteriores; un lastre de brutal sevicia y perturbación mental me hicieron comprender que no era el ser lacónico que siempre pensé… más bien un obsesivo-compulsivo que nunca pudo sostener ningún tipo de desidia y que tal vez se reinventaba cada que podía en fragmentos de vidas paralelas diseccionadas en universos anodinos.

El cuadro no contenía todas las visiones, el libro no aprisionaba a la par un sinfín de realidades ficcionadas o de personajes fabulosos discutiendo en un café sobre una mesa sucia y con grabados absurdos. ¡No mires! ¡No leas! ¡No comprenderás!

M. se acercó peligrosamente al abismo, lo miró de frente y la vorágine de estados se le hacía fascinante; la entropía no parecía hermosa –era horrenda, risible- pero sí llamativa y envolvente. La constelación de imágenes eróticas y la cadencia de los movimientos se detenían en fotos explosivas. Cuando la eternidad se detiene así en un instante, es lamentable ver cómo se derrama el tiempo hacia los lados, como si se desangrara por enormes heridas llamadas días y gotas como de bilis que se estrellan contra la imagen detenida en ese instante… manchándola de rojo.

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