miércoles, 31 de julio de 2013

CAÓTICA II (La nada cotidiana)


"Porquoi quelque chose plutót que rien?"
E. M. Ciorán

A las 3 de la tarde era la canícula, el sol parecía enojado, solía calentar lo suficiente, pero no quemar… no en esta ciudad de vacíos desbordantes. M. estuvo enfrente de su casa horas, él lo sabía pero nunca salió –no por la puerta principal-. Del umbral hacia adentro era mejor, afuera la cabeza no estaba a salvo de la locura. El edificio de enfrente no estaba de humor para que lo miraran. Cuántas veces surcó la esquina ignorando al perro que se clavaba en la basura. Hoy, a las 3 de la tarde se detendría a observarlo con cautela, el día no daba para más; parecía una figura sublime del greco con las costillas infinitamente marcadas y vulgares, el hocico embadurnado de un arroz verduzco y mohoso, los ojos famélicos que cada tanto lo miraban con el brillo noble de la muerte. De alguna forma le gustaba sentir ese susto pavoroso. A las 3 de la tarde, el perro lamía con fruición los huesos esparcidos sobre el caldo rosado del pavimento, las ansias de su lengua lo llevaban a morder con rabia y a devorarse los gemidos, para finalmente tragar enteras las astillas. Al perro, terminado el festín, no le quedaba más que buscar otro basurero, no uno mejor, pero sí uno en el que nadie lo observara. A las 3 de la tarde… los relojes se durmieron y cuando él volvió M. no había abandonado su lugar.

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